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April 28 CUÁN INSIGNIFICANTES SOMOS
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El pequeño insecto volaba buscando un lugar mejor donde estar; mejor que esa rama seca o la tierra sobre la estaba la rama, algo verde, algo como esa enorme hoja que había a tan corta distancia. Se rascó con una pata otra, los parásitos eran muy molestos y voló directamente a la hoja, pero cuando ya estaba casi junto a ella chocó inexplicablemente con algo que no era capaz de ver. Pero allí estaba, se trataba de una especie de pared vertical transparente, nada que el pobre insecto hubiera visto antes, o que lo recordara. Volvió a probar. Nada. Otra vez. Nada. Daba igual cuantas veces probara, siempre estaba aquello impidiéndole el paso. Pasaron los días y aunque el insecto no pasaba hambre, pues de vez en cuando (coincidiendo más o menos con los momentos en que tenía hambre) encontraba algo de hierva fresca de la que alimentarse, sin embargo, su obsesión por alcanzar aquella enorme y maravillosa hoja no disminuía. No importaba el daño que se hiciera al chocar con esa cosa invisible. Así pasaba su tiempo. Hasta que después de una sacudida y un ruido muy fuerte vio que la hoja no estaba donde siempre; se había movido y ahora veía más y más cerca. De modo que sin perder ni un segundo voló hacia las hojas y como siempre algo le impidió continuar. Volvió a probar, una y otra vez y por diferentes sitios hasta que por fin se encontró con un hueco en la extraña fuerza; y posándose sobre un borde de la misma voló hacia arriba para luego caer sobre la tan deseada planta que ahora se hallaba en otro sitio, más lejos, pero seguro que a su alcance. Tomó altura y al bajar una enorme masa color pálido lo encerró sumiéndolo en la más absoluta oscuridad.
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Juan observaba a “Pichi”, su mascota, muy intrigado. ¿Es que no se daba cuenta de que el cristal le impedía llegar a la planta? Estaba pensando. Pichi era un pequeño pulgón que Juan tenía en una urna de cristal. Dicha urna se hallaba ceca de una maceta de cardo, planta que Juan sabía que atraía a los pulgones.
Juan se encontraba en el último año de carrera de biología espacial a bordo del “Encounter”, una nave espacial de exploración. Era costumbre que los primeros de cada clase de la Universidad Interestelar acabaran la carrera a bordo de una nave con funciones afines al campo en que estaban estudiando. Estaba realizando una tesis sobre cómo la ingravidez a intervalos afecta a determinados insectos y su comportamiento y cómo el salto hiperespacial provoca pequeñas anomalías genéticas en su ADN. De todos los especimenes, Pichi era el más fascinante: no parecía afectarle los saltos y la ingravidez no lo desconcertaba, por no mencionar su obsesión con el cardo, no importaba que hubiera comido o no, siempre trataba de llegar a la maceta. <¿Qué impulso inconsciente te lleva a querer ir al cardo una y otra vez, aún cuando chocas hasta hacerte daño con el cristal? ¿Acaso no eres capaz de entender tu condición de ser inferior confinado en una urna de cristal por un ser superior?>.
Un chasquido precedió a la voz del capitán hablando por megafonía.
- Tripulación, preparada para salto hiperespacial en diez minutos.
Juan dejó a Pichi y el resto de especimenes y se fue a su hypercélula, donde se metía cada vez que había un salto, para no sufrir el repentino acelerón y posterior frenazo al entrar y salir del hyperespacio, que le provocaría lesiones irrerversibles. Realizó el rutinario proceso de acondicionar la célula y meterse en ella y esperó el salto. La pantalla líquida marcaba la cuenta atrás. Cuando esta llegó a cero notó una ligera sacudida en la célula y otro marcador comenzó a descontar desde 7 segundos, el tiempo que permanecerían en el hyperespacio. Pero al llegar a los 4 segundos el crono se paró a la vez que una tremenda sacudida lo agitó en el gel hypercelular.
-HYPERESPACIO ABORTADO-
Parpadeaba ante él en la pantalla. Cuando por fin llegó al puente se encontró con que todos estaban tan desconcertados como él. Nadie en la nave tenía idea de qué podía haber abortado el salto. Volvió al laboratorio y comprobó uno por uno todos los especimenes. Parecían estar bien, nerviosos pero bien, y todos dentro de sus jaulas y urnas. Pero al llegar a Pichi vio horrorizado que la maceta del cardo se había caído sobre la urna rompiéndole un trozo. Rápidamente retiró el cardo y vio que Pichi estaba en el borde roto, dispuesto a volar hacia el cardo. Así fue. Y antes de que Juan pudiera evitar que Pichi escapara éste voló en vertical ascendiendo suavemente y luego se dirigió al cardo. Pero nunca llegó, por que Juan, conocedor de los protocolos de seguridad de la nave no podía permitir que un espécimen volara libremente por la nave, ni siquiera aunque fuera a quedarse en el cardo y no moverse de allí. Si lo hubiera permitido y algún superior se hubiera enterado habría sido el fin de su carrera. De modo que con un hábil movimiento lo encerró en su mano y abriéndola lentamente ante sus ojos, comprobando que Pichi estaba en su mano, llevó el dedo pulgar de la otra mano sobre Pichi y lo aplastó. Juan pasó un par de días deprimido por la pérdida de su mascota favorita, mientras que a su alrededor la confusión crecía con cada nuevo intento de viajar por el hyperespacio. Ya se había intentado otras tres veces y las tres veces no habían pasado del segundo y medio viajando. De nuevo estaban todos en sus células, listos para otro inexplicable parón. Pero esta vez todo funcionó y durante 7 segundos viajaron por el hyperespacio. Al cortarse el viaje, en unos pocos segundos, el capitán pidió que todos los tripulantes se conectaran al circuito de televisión de la nave. Observaron un espacio opuesto al espacio que siempre habían visto; en lugar de oscuro vacío, había una cálida y blanca luz que lo llenaba todo, todo salvo unos puntos oscuros de diferentes tamaños repartidos en todo el campo de visión. Un punto en concreto era más grande y hacia él viajaron. Parecía una especie de planeta de materia oscura, pero carecía de gravedad. Lo orbitaron unos días. Pero de pronto, un día, algo inmenso apareció en sus pantallas: se trataba de una especie de ola, como una ola de mar que avanzaba subiendo y bajando, pero de color rojo y que lo cubría todo alrededor de la nave y se iba acercando.
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He logrado cultivar una esfera muy hermosa, de las más hermosas que he visto me atrevería a pensar, sí, lo pienso, es la más hermosa. Con su diversidad, sus formas y colores y esos especimenes correteando libres por toda ella, tan ignorantes de su posición, pero a la vez tan interesantes, tan ricos, cada uno aportando una magia y color, un sonido, un todo al conjunto,..., yo lo he cultivado, pero han sido ellos los que han elegido la forma a adoptar. Y me complace. ¡Vaya que sí! ¡Anda mira! Ese pequeño grupo está muy cerca del borde, que curioso, ¿qué harán al llegar al final? Mira ya han llegado, ¡uuh! ¿pero qué hacen? ¿insisten? ¡jajaja! Qué graciosos, otra vez y otra. Vaya si que son tenaces. ¿Qué les llevará a querer salir ¿ ¿a insistir? Si ya saben que no pueden seguir. ¿Otra vez? ¿acaso no son conscientes de su posición, de su inferioridad ante mi poder? Pobrecitos, me dan lástima, quizá si les dejara salir, ¡sólo un momento! Para verlos de cerca... si me pillan me los quitarán, bueno da igual, lo intentaré. ¡Alá, ya estáis libres! ¡¿Qué has hecho?! ¡Mierda lo saben! Pues claro que lo sabemos, ¿en qué estpensabas? ¿Qué haréis? La esfera ya ha sido purgada.¡Noo! No era necesario. Es el precio a tu desobediencia. Ahora purgamos el resto, esos que has dejado escapar. ¿Es que no eres consciente de cuán insignificantes somos? Conoces las reglas que nos impuso. No podemos violarlas. No podemos arriesgarnos a sufrir su ira. ¿No tienes clara tu insignificancia?
26-04-05 OCURRENCIA VOLVIENDO DE LA UMU AL VER UN PULGÓN EN EL CRISTAL DE LA VENTANILLA. ¿QUIÉN ES EL PULGÓN? TrackbacksThe trackback URL for this entry is: http://spacekrlosh.spaces.live.com/blog/cns!4547535E2EF36334!2338.trak Weblogs that reference this entry
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