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February 27 AL MONTE IRÁS Y CON SUERTE VOLVERÁSAL MONTE IRÁS Y CON SUERTE VOLVERÁS
Sueños reparadores para un soñador roto que en una agradecida cama yace, tratando de reponer fuerzas, tratando de ordenar los pensamientos, de encajar piezas inconexas, deformes, piezas que no pegan ni con “superglu”. Cuando la alarma suena el soñador lleva unos segundos pensando cuando sonará la alarma. La rutina de siempre se repite, pero no es siempre. Hoy es un día especial. Hoy va al monte...
Aún faltan 5 minutos para la hora acordada y ya el Feni dice: “PutoCharlie”. “PutoFeni” le dice el espejo al que se lava los dientes enfrente suyo.
Son cinco minutos más tarde de la hora acordada y la cara del Feni repite “PutoCharlie”.
Llegamos a la estación, no sin antes que el Feni salude, claro, da igual que sean las 8:35 de un frío y húmedo sábado. Cuando el mundo se acabe y todos mueran, cuando el Feni sea la última alma sobre la faz de la tierra y justo un minuto antes de morir todavía se cruzará con algún conocido.
- ¡Todos al tren! –
Espero oír imaginándome en alguna antigua peli. Pero lo único que obtengo es un pitido y prisas por subir y coger un buen sitio. No importa. Voy al monte.
Pasan raudas las estaciones, los postes de luz y teléfono y aún más rápido los coches. El revisor me informa a mi pregunta... “si subes sin billete 15 eurazos me debes”...
:S
Por fin la ansiada parada: Totana.
Nos ponemos a bajar. El Quillo baja delante y , ¡¡de pronto las puertas se cierran y el tren en marcha se pone!! Decenas de pensamientos alborotan mi mente (el Quillo sólo en un pueblo desconocido para él, Feni y yo en Lorca, esperar otro tren, volver, ¡me niego!, si no para juro a Kron que parto una ventana y salto al estilo del Oeste,...), que sin embargo se centra en la puerta, acciona el mecanismo varias veces y por fin el tren para y la puerta se abre. Final feliz para un soñador y su fiel Feni. “PutoCharlie” piensan. Ni treinta segundos estuvo parado el tren diré en mi defensa.
Se inicia una marcha de caracol, lenta pero inexorable, ni el filo de una navaja será obstáculo...
En una parada para descargar lastre líquido el Quillo se deja mi maza... mi pequeña, mi dulce, mi bonita, mi útil maza... lo odio.
No importa. La misión es lo primero. Vamos al monte.
En otra parada trepamos hasta una enorme cueva que se queda al final en mediocre refugio natural. Decepción que añado a la larga lista cuyo título reza: Gilipollas Mayor. Desde lo alto veo pasar un coche... lástima no haberlos visto acercarse... un desprendimiento “desafortunado” y ahora sería heredero. En fins, hay quien nace para amar o para matar y quien no.
En el último recodo antes de la Santa el Feni se descuelga, no le culpo, la subida es dura y todos sufrimos. Seguimos nuestra penosa marcha. “Dios del Quillo”, como se clavan las abrazaderas de la mochila, como se liman las plantas de los pies... como se libera mi alma.
Tras un recodo una graciosa hoja de “María Juana” nos saluda alegre. Bromas no faltan y a Ángel los oídos seguro le pitan un buen rato.
Recodos y curvas, el camino es tortuoso pero no nos amedrenta porque el Feni canta y el Quillo la tristeza espanta: “Prejuiciosos” por aquí, “Ignorates” por allá y al final “Simpels” todos serán.
El arco impone un cambio de dirección radical y a la montaña directos dirigimos nuestros pesados pasos entre ladridos y tractores amigos. El Feni saluda, no importa que no conozca.
Al poco del comienzo del ascenso y tras dejar atrás perros valientes tras verjas inexpugnables y casas que más mansiones son que humildes moradas, nos topamos con una alentadora señal en el camino: un precioso caballo blanco sin duda buen augurio es. Él saluda y relincha, “Llevadme con vosotros al monte”, parece decirnos y de buen grado accederíamos a su silencioso ruego, pero el camino no para por nadie y aún miles de pasos nos separan de nuestro destino. De modo que “debes tener cuidado Frodo, pones tu pie en el camino y no sabes donde puedes acabar...”.
Elegimos el camino fácil y largo y es que no está el cuerpo, que sí el alma, para esfuerzos inútiles. Mejor hacer unas curvitas graciosas que unas desagradables cuestas.
A la una con un ligero Sol que entre densas nubes asoma paramos a reponer fuerzas a un lado del camino. Bendita abuela del Quillo, ¡qué tortilla de patata!. Sin duda esa gran señora desciende de la antigua raza de las “Tortilleras”, hábiles damas en el manejo de la sartén, la cebolla, los huevos y las patatas, y en este caso debe tratarse de un miembro de la élite pues hasta trocitos de sabroson beicon encuentro en este manjar de reyes.
Como llevados por una oscura fuerza impulsora nos alcanzan en mitad de la comida dos demoníacos instrumentos de dolor y perdición: un coche de vigilancia forestal y un camión de bomberos que pasaremos a llamar “hummer”, por deseos del Feni. En realidad no pasó nada, siguieron su camino atónitos al vernos en la cuneta tirados y sin duda mal de ojo nos echaron, pues la envidia es muy mala y aquella tortilla demasiado buena para no envidiar su ingesta. Tras algunos minutos de alegres comentarios y serias reflexiones nos volvemos al camino. Por algún hechizo malvado lanzado por algún alma maligna nos pasamos el desvío y nos toca volver hasta que como buen explorador encuentro por fin el camino correcto bien escondido como si de las losas del laberinto de aquella infantil película se tratara.
Pero nada frena nuestra determinación. Por fin en el monte estamos y ahora lo principal es alcanzar la casa. Por fértil aunque mortal ladera avanzamos con dificultades: arbustos altos, ramas de pino bajas, terreno resbaladizo, piedras sueltas, inclinación “tobilleramente” mortal...
Y por fin la primera de las vallas de metal. Frío, rígido, afilado, cruelmente interpuesto obstáculo. Con habilidad salvado.
Cruzamos y seguimos por valles, desfiladeros y cumbres.
O “Dios del Quillo”, otra valla. Un momento, loado sea Kron, hay puerta y está abierta de par en par como los brazos de la traicionera muerte que se ofrece a abrazarnos cálidamente, engañosamente, invitándonos a una trampa desconocida, a un final incierto. Pero los aventureros no se amilanan. Cruzan con decisión y en sus cabezas resuena “la música del buen camino”.
A pocos minutos ya de la puerta aparece una atalaya de madera abandonada. Vestigios de viejos años de gloria de una vieja civilización que habitó la zona y a la que hay que agradecer el que nos dejaran en tan buenas condiciones la casa... Ante nosotros se alza hermosa, majestuosa, enorme, algo vieja pero como una señora que con orgullo muestra sus arrugas, sabedora de que cada una tiene su historia, a cual mejor. La casa se acerca, o quizá nos acercamos nosotros llevados por algún mágico encantamiento que nos hace desear penetrar su negro umbral, destapar sus misterios.
Raudos desfilamos de una estancia a otra abriendo armarios, tocando todo, escudriñando en la oscuridad entre viejas telarañas los útiles, atrás abandonados por los últimos moradores que apresurados parece, abandonaron la casa.
Una vez explorada salimos al cálido Sol de la montaña y respiramos de nuevo aire limpio, sin polvo ni tierra. El Quillo limpia algunas sillas y mecedoras que le saco y cuales “Supertramps” nos pasamos una hora en la fachada tratando de que un mortecino Sol nos caliente. Una extraña sensación nos invade y una terrible peste de vez en cuando nos sacude, zarandeándonos con brutalidad...
- Aquí huele a muerto.- Digo por fin. - Huele a alce muerto en realidad...- apostilla Feni - En realidad creo que huele a caca de alce muerto...- sospecha Quillo, mientras esconde una bolsita negra...
Es un misterio que nunca revelaremos, de donde procedía ese hedor...
Como la tarde avanza decidimos emprender la realización de tareas que nos procuren una apacible noche, como limpiar la habitación en la que dormiremos, recoger leña...
Pero se interponen un barril y tres neumáticos...
Así que, mientras lo documento, Feni y “Quillocoprófagodealces” hacen rodar al maldito barril lejos... muy lejos, una y otra vez, incluso el Feni le tira piedras. Con los neumáticos les ayudo y entre los tres logramos deshacernos de tan viles objetos, que en los bancales se pierden tras segundos de gozo. Tras eso nos deleitamos en juegos olímpicos múltiples como el tiro de roca, el tiro de “jardo”, el tiro al vaso...
Tras eso extrañas voces nos susurran... primero a mi... luego al “mediosordo” del Quillo... el Feni, apodado “tapia”, nunca llegó a oírlas... afortunado... De modo que decididos realizar una expedición para investigar la procedencia de esos demoníacos cantos y la posible amenaza que representan... Pero tras una larga marcha en que nos aprovisionamos de “piñones” (!) no logramos divisar, ni alcanzar, ni dilucidar de donde proceden, de modo que mientras el Sol amenaza ya con abandonarnos a la sombra nos volvemos sobre nuestros lastimeros pasos y con constantes miradas temerosas nos volvemos a la casa. Por fin recogemos la leña y nos disponemos en la casa a encender un reconfortante fuego. Es entonces cuando el mago hace aparecer todo su poder y con un poco de madera, su poder y unos chorritos de su ingrediente secreto logra prender un enorme madero que arde con furia, calentando la estancia y propagando el fuego a otros maderos adyacentes. Al final acabamos desnudos bailando la ancestral danza del fuego, invocando la fuerza y el poder sin parangón del elemento básico.
Afuera el Sol no es ni siquiera un mero recuerdo, las sombras se alargan, los colores se reducen a grises y negros, las formas se retuercen dibujando grotescos paisajes que hielan el alma, la luz brilla por su ausencia, las bestias y alimañas abandonan sus agujeros y salen a cazar, crueles, viles. Cae la noche y con ella todo lo bueno se va. Llega el frío, el viento, la lluvia, las nubes tapan las estrellas, no hay luna y dentro de la casa parece haber una fiesta hobbit... y el Quillo se golpea la cabeza con la chimenea.
Al calor de la hoguera se narran historias jamás escuchadas, que jamás repetidas serán. Se cena durante más de dos horas todo tipo de manjares y no tan manjares (la cara del cerdo era mediocre la verdad). Aunque el prejuicioso Quillo olvidó el hidromiel estamos alegres, pues hemos subido al monte y encontrado la casa, hoy la vida es buena. Es al amparo del dios fuego que el Feni degusta su propia saliva a la brasa... o el Quillo por ejemplo nos deleita con más olores dignos de batallar con toda la gama de AmbiPur. Yo me empleo en comer, reír y mantener en óptimas condiciones mi querido fuego, no en vano me autoproclamé “SEÑOR DEL FUEGO”. Y por cierto eso que decía mi antaño sabia madre de que “el que juega con fuego se mea en la cama”... bueno no me mee, pero durante la noche me levanté a mear dos veces... No es sino a la luz y calor del fuego, que se invoca el “pitido de oídos” de casi todos los personajes que rozan nuestras vidas... unos salen mejor parados que otros, en general es una masacre... y el Quillo se golpea la cabeza con la chimenea.
Así avanza la noche lentamente, tampoco hay prisa, pero el cansancio empieza a hacer mella y yo me acurruco y empiezo a evadirme de la conversación.
Por fin extendemos los sacos y nos escondemos en su cálido abrazo mientras lenguas de fuego nos lamen con cariño manteniéndonos en un ambiente propicio para emprender el viaje de Morfeo. En pocos minutos reina el silencio... y llega el tiempo para las criaturas que se arrastran y tejen malévolos planes a largo plazo para cazar almas inocentes como las nuestras... bueno, la del Feni y mía... la del Quillo es ignorate y simpel. Fuera se escucha de todo: pasos, cosas que se arrastran, viento, lluvia... y el Quillo se golpea la cabeza con la chimenea. La noche es larga. El reloj parece congelado ante el temor mismo de lo que pueda estar fuera acechando. Buscando una vía para entrar en la casa y caer sobre nosotros. Yo avivo el fuego constantemente en un intento de mantener alejado el mal. Pero entonces el Feni grita. Ha visto a una niña en camisón pasar de una habitación a otra.
- Tenemos que investigarlo- dice el Quillo. - Yo no me muevo de aquí.- tiemblo yo. - Si quiere algo que venga, yo no voy a ir a buscarla.- Feni se acerca un poco más al fuego.
Al final nos quedamos los tres quietos junto al fuego rezándole al “DiosdelQuillo” para que la mañana llegue pronto.
Y resulta que un rayo de Sol me despierta en el saco, abrazado a mi cuchillo Aitor y no sé distinguir si todo fue un sueño o fue real... Pero el maravilloso día que ante nosotros se abre me limpia de turbios pensamientos y nos ponemos a desayunar. Feni realiza sus ejercicios de “Saludo al Sol”, yo desayuno y me cepillo los dientes y el Quillo se golpea la cabeza con la chimenea.
Antes de lo esperado emprendemos la marcha de regreso a casa, decimos adiós a la fantástica casa que guarda en su interior un tetrabrik de zumo con las huellas del Feni y en la fachada un enorme trozo de jamón york clavado. En el orno siempre morarán las deposiciones malolientes de mis amigos... y el Quillo se golpea la cabeza con la chimenea.
Poco a poco la casa desaparece en la lejanía y ante nosotros de pronto se alza un nuevo obstáculo: una inmensa valla y puerta como si de las Puertas Negras del mismísimo Mordor se tratara...
... pero esa es otra historia, una de lluvia, soledad y maza perdida... y el Quillo se golpea la cabeza con la chimenea. Comments (1)
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