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    December 13

    Los moteros zombis viven con las botas puestas (2º de 2)

    "Los Moteros Zombis Viven Con Las Botas Puestas"
    (continuación)

    Primera parte.


    Por su parte el herido perrillo huye y acaba rendido camino a su casa. Se tumba agotado junto a una fachada. Casualmente la de una amiga de la motera muerta. El destino es un dado caprichoso que juega con nosotros y a veces está trucado.

    El perro herido se duerme y muere. Segundos más tarde la gata de la amiga se acerca curiosa al cadáver del animal. Huele la herida de la mordedura. Apesta a muerte.

    En ese momento el perro vuelve a la vida. Es un zombi. Un perro zombi. Y lo primero que hace es morder al desprevenido gato en una pata.

     

    Hecho esto y como si estuviera satisfecho de su acción se sacude como cuando la sangre corría por sus pequeñas venas y arterias, y se pone en camino siguiendo el rastro de su muerta ama...





    En realidad la visión de ese canijo perro zombi es jocosa, con esos andares cansados y pausados, arrastrando una patita. Acompañando su andar de un quejido continuo y lastimero.

    Ella que siempre fue la más asustadiza de todos los perros canijos, es ahora una orgullosa perra zombi que atemoriza a todo bicho que se cruza en la negra y tormentosa noche...

     

     

    Más tarde en otro lugar...

     

     

    -         Mañana me dejo el tabaco. Decidido. Mañana me lo dejo. Este es el último paquete que me compro. Por mis cojones. Bueno por ellos no... por los de Carlos. Jajajaja.

    -         Aarggh...

    -         ¿Eh? ¿quién...

     

    Entre las sombras de la calle Ángel ve acercarse a una figura conocida, aunque sabe que es imposible...

     

    -         Aargghmm...

    -         ¿Eres tú? Pero no puede ser... estás... estás muerta.

     

    La situación desborda al chico que cuando descubre qué ocurre ya es tarde, ya tiene a la chica sobre él, ya no puede escapar y basta un mordisco en la mano para que comience su maldición, aunque ella no se detiene ahí...

    El paquete de tabaco cae al suelo mientras él grita de horror, de terror, de incredulidad...

    Pero su grito lo apaga un oportuno trueno y luego otro, otro... hasta que ya no grita, ahora gime; gime lastimero y se arrastra. La sigue, sigue el rastro de las botas de la muerte...

     

    Al rato se les une el perrillo y juntos, los tres muertos caminantes: la motera, el perro y el perro-flauta; se encaminan a Murcia siguiendo con su ola de muerte, dolor y vacío.

     

     

    En la casa de la amiga el gato muere. La amiga se derrumba desconsolada. Se encierra en su habitación con el gato. No quiere ver a nadie, hablar con nadie. Primero su mejor amiga, ahora su queridísima gata. No encuentra consuelo en éste horrible mundo.

     

    Entonces algo maravilloso ocurre, la gata gime y se estremece en su regazo.

    Está sentada en la cama, con el cadáver de su mascota sobre las piernas, acariciando su sedoso pelaje.

     

    Nada ocurre. La mira fijamente. Pero nada ocurre. Hubiera jurado que le había oído gemir y que se había estremecido. Pero ya no sabe si son sus ganas de que viva las que le juegan una mala pasada.

     

    Acerca la cara al animal muerto.

     

    La gata revive, levanta la cabeza y la mira con los ojos inyectados en sangre. No es ella. Algo le pasa. Le da miedo. Es horrible. En su rostro sólo ve muerte, dolor, vacío. Se endereza para alejar a la gata de ella. Pero hay otros planes reservados para ella, el dado vuelve a rodar y decide su destino.

     

    La gata le salta a la cara y le muerde y le araña. Ella corre por la habitación con la gata enganchada a la cara. Grita, grita y aúlla de dolor, de miedo.

     

    Por fin tropieza con la ventana y ambas caen al vacío. Se clava en un pincho de la valla de rejas y muere. La gata cae rodando y huye en la noche para repartir su maldición a todo ser viviente que se le cruce y con un relámpago desaparece en la noche calle abajo.

     

     

    Más tarde en otro lugar...

     

     

    Carlos aún recuerda como “darle la mano a su amigo”, en realidad se dan tan sólo los dedos meñiques.

    Feni, han pasado muchos años pero él sigue igual, bueno casi. Ahora lleva tatuado un brazo. Antes le habría llamado la atención y los habría mirado todos con devoción, ahora no, ahora ya no siente devoción ni emoción por anda.

     

    -         Cuanto tiempo Charliano.

    -         Ya ves tío. ¿Qué tal todo?

    -         Bue...

    -         Perdona- Le interrumpe- empiezo a hablar como Jacket. ¿Trabajas?

    -         Sí claro.

    -         Bien eso es bueno. ¿Qué me dices... tienes novia o algo así?

    -         Ya me conoces...

    -         Sólo amigas...

    -         Sólo.

    -         ¿Y Cloe? No la has traído, no me digas que...

    -         Cloe murió el año pasado...

    -         Vaya que pena, lo siento tío. Era una gran perra. ¿Le hicisteis un funeral?

    -         No. La enterré en el valle y ya está...

    -         Bueno, algo es algo, de haber estado yo...- El convicto se queda un segundo pensando y decide cambiar de tema.- Bueno, eso. ¿Qué tal tu hermana?

    -         Bien. Acabó los estudios y está trabajando con la de Ángel.

    -         No me digas. Vaya que bien ¿no?... La hermana de Ángel, cuanto tiempo sin saber de ella...

    -         Uuugh...

     

    Un lamento les interrumpe. Se levantan los del banco del parque donde estaban charlando tras tantos años sin verse y al girarse ven a Ángel acercándose desde las sombras.

     

    -         ¿¡Ángel!?- Carlos se alegra de ver a su antiguo amigo, aunque lo encuentra algo raro... como si estuviera colocado...

     

    Feni se adelanta para darle la mano como es su costumbre y entonces el antiguo amigo se abalanza sobre él y le desgarra el cuello a la altura de la yugular. El pequeño corazón de Manuel suelta entonces litros de sangre en todas direcciones.

    Carlos al verlo no duda y actúa. Salta sobre su amigo zombi y lo separa de su amigo, logra ponerse en una posición ventajosa y empieza a estrellarle la cabeza contra le tronco de un pino hasta que se le parte el cráneo y cae inerte, por fin.

     

    -         Feni, o Dios mío Feni...

     

    Carlos ve impotente como su viejo amigo se muere desangrándose...

     

    -         Aarrgghmmb...- Oye Carlos a su espalda a la vez que siente un escalofrío; sabe que es otro zombi, sabe que es el holocausto que siempre deseó, sabe que...

    -         ¡Esther! ¡No! ¡Tú no!

     

    Esther se acerca a Carlos con su andar pausado, sin prisa, el juicio final no tiene prisa, es implacable, es el final. A su lado Zazú también se acerca enseñando los dientes y gruñendo. Esa pequeña perrita que tanto la había querido en el pasado, ahora lo odiaba...

     

    Carlos echa a correr hacía su casa. Sólo le separa la calzada y tras cruzarla está ya en su portal. A su espalda Esther sigue llamándolo.

     

    -         Aarrgghmmbreee.

     

    Eso le hiela la sangre y le obliga a detenerse en mitad de la carretera y volverse a mirarla. Sin duda le ha oído decir “hambre”.

     

    -         Aarrghmbreee.- Repite ella.

     

    Carlos le mira a los ojos, no es lo que esperaba cuando decía esa misma noche tormentosa que deseaba que le volviera a mirar con hambre. Esos ojos lo miran con hambre, sí, pero con hambre asesina, son unos horribles ojos que...

     

    Un sonido conocido le llama la atención de pronto sacándolo de sus pensamientos...

     

                <<Suena a la moto del Andrés. Imposible>>

     

    Gira la cabeza justo para ver a dos metros la moto de su antiguo amigo, muerto por el mismo atropello de hace cinco años, justo para pensar pero no actúar.

     

                <<Mierda>>

     

    Lo mismo que aquella noche, cuando al doblar la curva pensó pero no actuó.

     

                <<Mierda>>

     

    La moto enviste al joven homicida acabando con su angustia, con su dolor, sumiéndolo en el vacío.

     

    El zombi de Andrés detiene la moto y el zombi de Esther llega con el zombi de Zazú en los brazos.

     

    -         Diiioooozzaaa...- Dice él con una mandíbula caída y un ojo vacío.

    -         Aarrggh...

     

    Se monta y los dos moteros zombis desaparecen en la carretera...

     

     

    ¿Qué fue del Feni?

     

    Obvio, fue un zombi “to majo”.




    FIN

               

    Dedicado a mis amigos moteros.

    13-12-08 Ladiya.

    Comments (1)

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    angelosowrote:
    jo macho, soy el único que al final muere de verdad...
    bueh tu también (pero de una manera menos sádica jeje), pero todos los demás sobreviven (aunque sea como zombies xD)
    al menos he causado una baja, ya es algo jajaja
    Dec. 13

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