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YO, YO MISMO Y WILSON . . .

cuando sientes k ya no puedes más, hay una fuerza en tu interior k te da alas para volar...
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September 06

me voy

Adios.
January 08

Extracto de "Purgatorio"

(...)

La Luna llena en el cielo. Envuelta en un aura brillante, producida por la ligera neblina que envuelve la ciudad.

Dicen que la Luna se ve igual desde cualquier parte del mundo que la mires. Lo cierto es que parece diferente. Aún siguiendo en el mismo sitio que hace dos años.

Desde que empezó todo nada es lo mismo, ni el Sol, ni la Luna. Todo parece más brillante, cómo si hubieran quitado un velo que lo cubría todo restando luz y color.

 

Eso hace pensar que no es el mundo el que ha cambiado, sino los ojos que lo miran.

A este lado del espejo todo parece haberse vuelto loco.

 

Hace meses que me pregunto, a veces, al mirarme en algún espejo, ¿cómo será todo al otro lado?, ¿qué habrá más allá?,  ¿a dónde va mi reflejo cuando dejo de mirarlo en el espejo? ¿se irá a hacer las mismas cosas que yo? ¿será en su lado del espejo todo como en éste? O ¿será mejor? ¿tal vez peor?

Lo dudo. Peor no. Como mucho igual.

 

Me pregunto si mi reflejo también se preguntará cómo es la vida de este lado del espejo.

Me pregunto si no seré yo el reflejo.

Me gustaría meter la cabeza en el espejo y asomar al otro lado, ver qué hay ahí detrás. Claro que eso implicaría que mi reflejo haría lo mismo y su cabeza asomaría por este lado del reflejo.

Sería algo digno de verse, a ambos lados del espejo. A este lado, un cuerpo, el mío, con el cuello clavado en el espejo y a la vez a través del mismo punto en que  mi cuello entra en el espejo, saldría mi cabeza, la de mi reflejo en realidad...

Ahora entiendo la frase aquella de “Max Payne 2” “Los espejos son más divertidos que la televisión”. Ni siquiera recuerdo que fue lo último que vi en la tele...

 

Carlos cierra el cuaderno, apaga la vela y se duerme.


(...)





 

January 06

Eterno camino

ETERNO CAMINO

 

 

 

Hay un inmenso desierto que nadie ha logrado atravesar jamás.

En medio del desierto hay una montaña cuya cima nadie ha coronado nunca.

En la montaña hay tallado, en la pura roca, un camino; sin principio ni final, un círculo perfecto que rodea la ladera de la montaña.

En ese camino hay un hombre. A veces camina, otras corre. Pero nunca deja de girar en torno a la montaña.

 

Hay quien dice que está allí para purgar sus pecados, una vuelta por cada uno; y que estará aún mucho tiempo.

 

Hay quien dice que se exilió a la montaña hace demasiado como para recordarlo. Que el camino lo han ido excavando sus pies de dar tantas vueltas.

 

Hay quien dice que está ahí para calmar su espíritu, para apaciguar su alma y que cuando esté preparado seguirá su viaje y saldrá del desierto por el extremo opuesto.

 

A mi me gusta pensar que está en la montaña por nosotros. Que da una vuelta por cada vez que nos equivocamos, que fallamos o nos rendimos; para enseñarnos a seguir, a esforzarnos a no decaer, para mostrarnos con su sacrificio y tesón que no hay camino largo, que todo es posible.

Me gusta pensar que con cada vuelta que él da alguien aprende a resistir, y espero que aún dé muchas vueltas más.

 

Pero lo realmente importante es qué significa él y su eterno camino para ti...

December 21

CARTA DE DESPEDIDA A "MI VIDA"

Carta de despedida a “Mi Vida”

 

 

 

Querida mía, porque fuiste ciertamente mía y de nadie más, te escribo esta carta para que la leas cuando el destino decida que ya hemos sido demasiado felices. Que ha llegado la hora de separarnos.

 

Quiero agradecerle a la “Vida” el que nos reuniera, el que nos enamorara, el que nos cuidara y nos regalara tanto. No imagino mi vida sin ti, cada momento, cada rato, cada respiración es un recuerdo contigo.

 

¿Recuerdas la primera cita? Era la primera para los dos, ¡y qué nerviosos estábamos! Aún sonrío al acordarme de mis meteduras de pata y tu cara desencajada. Recuerdo y se me para el mundo mientras te contemplo en mi mente, lo preciosa que estabas con aquel vestido rojo, con aquellos tacones tan sugerentes, con tu melenita suelta sobre los hombros. Recuerdo que cuando te vi, el corazón me dio un frenazo en el pecho y casi sale de él. ¿Recuerdas que me dijiste qué por qué estaba tan rojo? ¡Y aquello sólo sirvió para ponerme aún más nervioso! No enlazaba dos palabras seguidas bien pronunciadas. Sé que alguna vez te lo he dicho, pero deja que te lo repita, en aquellos momentos, en el restaurante, con tu compañía, contemplándote... me sentía el centro del universo, el hombre más feliz del mundo, me sentía en armonía con Todo.

 

Aquella noche acabó en desastre cuando traté de besarte precipitándome. Siempre he tenido ese problema, he ido a destiempo en ese tipo de cosas. Menos mal que tú eres un SOL y siempre supiste ver más allá de mis tropiezos, eras paciente y ahora sé que me querías.

Lo cierto es que nuestro primer beso, el primero por AMOR, fue a la vez un poco desastre e inolvidable. Desastre por los nervios, por el miedo a defraudarte; inolvidable por que el primer beso por amor no se olvida, no en esta vida.

 

 Nunca olvidaré, no podría ni aunque me lobotomizaran, los domingos en que despertaba unos minutos antes que tú. En mi casa. Y me quedaba mirándote, acariciándote la cara, oliendo tu maravilloso pelo, preguntándome siempre lo mismo: ¿qué tenias que me hacía sentir tan feliz, tan vivo, tan completo?

Me gustaba prepararte el desayuno y llevártelo a la cama. Y tú que sólo querías abrazarme, que nos abrazáramos bajo las sábanas y hacer como si el mundo fuera de ellas no existiera, como si se hubiera detenido el tiempo.  Nos gustaba tanto jugar...

 

O las noches de peli y sofá, de relax, arrumacos y miradas. Nos gustaba mirarnos, a veces sin decir nada. No lo necesitábamos. Bastaba eso. Mis ojos, los tuyos; el infinito retenido entre ellos. El paraíso compartido.

 

A pesar de todos los contratiempos luchamos juntos y vencimos. Juntos nada se nos resistía. Incluso las veces que discutíamos, siempre encontrábamos la forma, la manera de remansar las aguas y salir reforzados.

 

Recuerdo que cuando te besé en el altar pensé que sin duda ese era e iba a ser el día más feliz de mi vida. El día en que “fuiste mía”, en realidad siempre lo fuiste; y yo tuyo.

Eso me lleva de nuevo a aquel restaurante donde dos chavales llenos de nervios tenían su primera cita, su primera cena. Fue en aquel mismo restaurante donde volví años después con los mismos nervios, quizá más, y te pedí “que me dejaras ser tuyo hasta la muerte”, y dónde tú del susto tiraste la copa. Dónde hemos vuelto en cada aniversario. Pidiendo la misma mesa.

Viendo juntos como el camarero pasaba a encargado. Viendo el mundo juntos.

 

Formaba parte de algo, algo especial y diferente. El Mundo no lo entendía. “Dos contra el Mundo”, no se necesita más. Lo que teníamos no era de este planeta, no cabía en él.

Formaba parte de ti y sentía qué tú eras parte de mí, la parte más importante. Mi pilar, mi apoyo, mi alegría; tus defectos, tus miedos, tus “desperfectos” eran estimulantes, te hacían perfecta, te hacían encajar en los míos. Como si nos hubieran hecho del mismo molde y nos hubieran partido y separado y sólo al juntarnos se apreciara la verdadera magnitud de la figura que juntos formamos.

 

Entonces el día que más miedo pasé fue también el más feliz de mi vida. Entonces lo supe. Había nacido para eso; toda mi vida, todos mis años, tanto madurar, esperar... todo me había preparado para aquel momento, sólo que no estaba preparado. Nada en este mundo puede prepararte para la sensación de sujetar a tu hijo recién nacido entre los brazos.

Son tantos sentimientos, tantas sensaciones; todas pugnando por apoderarse de ti...

Recuerdo que lloré de felicidad y de terror a la vez.

Era tan pequeño, ¿lo recuerdas? Sí, sé que sí. También fue el día más feliz para ti. Era nuestro hijo, NUESTRO HIJO. Habíamos estado esperando ese momento toda nuestra vida. Es para lo que naces. Para ver ese pequeño ser que es parte de ti y querer protegerlo de todo, y a la vez no quieres apretarlo demasiado no sea que se espachurre, pero claro no puedes descuidarte no se vaya a caer... y a la vez estabas tú tan agotada y yo quería meterme  en las sábanas y abrazarte como si fuera un Domingo más y el Mundo fuera algo externo e insignificante.

 

De hecho en cuanto te dieron el alta, en casa, nuestra casa, los tres pasamos dos horas en la cama abrazados. Viendo dormir al bebé. Mirándonos. Callados. Sin decir nada. Que se puede decir, cuando no hace falta decir nada. Sólo tus ojos, el bebé y la sensación de estar completo, de tener un propósito en la Vida, Tú y nuestro hijo.

 

 

Y aún mientras escribo esto recuerdo ese suave aroma a coco... y siento tu dulce tacto en mi piel; tu voz siempre fue el más afinado instrumento, que a mi corazón hacía bailar, unas veces rápido, otras lento. Y en mi hora final recuerdo cuando tu rubia melena se agitaba por el viento y me mirabas con hambre... y yo te comía con la vista.

 


Y no concibo mi vida sin ti, porque de no tenerte no habría podido existir.

Allá donde vaya te esperaré.

TE QUIERO.

 

21-12-08.      Ladiya

Se busca.

“Se buscan hombres para un viaje peligroso. Sueldo bajo. Frío extremo. Largos meses de absoluta oscuridad. Peligro constante. No es seguro volver con vida. Honor y reconocimiento en caso de éxito.”

Texto del anuncio que Sir Ernest Shackleton publicó en varios periódicos británicos, a la busca de voluntarios para participar en su expedición a la Antártida de 1914.

 

Te enganchas en una loca misión para buscar algo desconocido, algo que no te incumbe, que no te importa. Viajas al fin del mundo, te enfrentas con la ira de Dios. Y al final descubres que si es tu viaje, si te importa. Es el viaje para encontrarte a ti mismo.

 

Entonces los ves, los pingüinos. Y crees que es todo lo que necesitabas, lo que te completa, la parte que salió del mismo molde que tú, que estaba perdida y ahora aparece y se muestra.

 

Pero entonces llega el momento de cazarlos y te das cuenta de que no sabes, de que nadie te ha enseñado, y aunque no eres tonto, te falta algo, ese “saber hacer”.

Y cuando crees que por fin has encontrado la forma, el secreto oculto en ti, te llaman; os vais.

 

Y una vez más ves alejarse la “Tierra Prometida” y te sientes un poco más frío, más solo, más cansado y te da miedo; te da miedo que la próxima vez ya no tengas ni ganas de bajar del barco...

 

 

 

¿Cómo retomar el hilo de toda una vida? ¿Cómo continuar? Cuando en tu corazón, empiezas a entender. Que no hay regreso posible. Frodo

 

 

Ladiya. 21-12-08.

December 18

...naufrago...

 ...estabas equivocado, lo importante no es pertenecer a algo, lo importante es "SER y ESTAR"   


December 17

No me veo.

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-         ¿Cómo te ves dentro de diez o quince años?

-         No me veo.

-         ...

-         ¿Qué?

-         No digas eso, ¿cómo puedes pensar así? Alguna idea tendrás para el futuro, no sé, algún deseo, algún sueño. No sé, volver a casarte, trabajar en algo... ¿no querías montar un bar?...

-         Da igual lo que quiera ahora. No puedo ver mi futuro, porque no hay tal futuro, mi línea acaba pronto, no hay nada más allá del momento actual.

 

 

 

 

 

Es una tarde de finales de octubre; el lugar es una vieja carretera de montaña flanqueada por árboles cuando el escarpado terreno lo permite, ya que gran parte del camino está enclaustrado entre rocas, pues la carretera fue antaño excavada en la misma montaña.

Está lloviendo. Pero de vez en cuando se divisa el horizonte. A lo lejos ya no hay nubes y por donde se pone el Sol se ve la claridad de su luz, se ven las nubes brillando, el cielo azul anaranjándose a lo lejos... y mientras, aquí no hay más que agua cayendo.

El coche sube a la misma velocidad que lo ha hecho siempre. Su conductor se conoce de sobra el camino, son demasiados años ya.

En una curva la lluvia ha arrastrado grava a la calzada.

Las ruedas traseras patinan y el coche pierde el rumbo por dos segundos. Los dos segundos en que pasaba otro coche por el carril contrario.

Pero no colisionan.

 

 

 

 

El parking de la universidad está casi vacío a esas horas; ya sólo quedan los coches de los que están jugando al fútbol o practicando algún deporte en las demás pistas; desde luego está muy oscuro.

Alejandro sale del vestuario acompañado de sus colegas, ha sido una buena tarde y han ganado; además él ha podido marcar un golito.

Cada uno se monta en su coche y tras despedirse se marchan.

Pero Alejandro se demora porque la zorra de la tía que se tira últimamente le llama; le hecha la bronca por que está en el partido en vez ir de compras con ella. Si no fuera por ese culo hace tiempo que Alejandro la hubiera largado.

Se apoya en el maletero del coche mirando los coches pasar por la autovía a toda velocidad. Acababa de guardar el macuto en el maletero cuando oyó la llamada, no debía haber contestado, pero lo cierto es que tras el partido le apetecía un buen polvo.

Está distraído con la llamada, además la oscuridad ayuda.

 

-         ¿Alejandro?

 

A su lado hay un hombre alto encapuchado, está oscuro y no lo reconoce.

 

-         ¿Sí?

 

Un batazo acaba con las presentaciones.

 

El coche arranca mientras el móvil chilla en el suelo...

 

-         ¡Si  no contestas corto contigo!

-         ...

-         Te juro que es el final si no dices nada

-         ...

-         ¡Alejandro di algo joder!

-         ...

-         ¡Hemos terminado!

 

 

Alejandro despierta; le duele la cabeza y tiene recuerdos confusos de haber soñado que viajaba maniatado en el maletero de un coche. Qué estupidez.

Empieza a centrarse y descubre que no entiende nada, ¿qué estupidez es esta? Él es Alejandro C., ¿qué coño pasa aquí?

Grita e insulta.

Está encapuchado pero debe ser el campo; oye pájaros, nota el aire fresco que le azota y el sol en el cuerpo.

 

-         Por fin despiertas belladurmiente.

-         ¿Qué coñ

 

Un nuevo batazo ataja la pregunta.

 

-         No sabes las ganas que tenía de hacer eso. Y también esto.

 

Le retira la capucha y Alejandro es escupido en el sangrante rostro. Está mirando fijamente a su agresor y no se cree lo que ve.

 

-         ¡Tú!

-         Seguro que ni siquiera recuerdas mi nombre.

-         ...

-         Sin embargo yo no he olvidado el tuyo hijo de puta...

 

Alejandro dirige su vista a la mano que se le viene encima. No hay aviso, no hay más, sobran las palabras, no está allí para escuchar, aunque lo último que oye en su vida, aparte de sus propios gemidos, le hiela la sangre:

 

-         La sangre se lava con sangre.

 

 

 

 

 

 

-         No entiendo la gente que se quita la vida, putos cobardes. Escogen el camino más fácil, ¡alá!, mi vida es una mierda, así que me la quito, ¡joder!, lucha hostias, mejora la vida de mierda que tienes.

-         No estoy de acuerdo. Creo que ala vez que es el acto más cobarde, es también el más valiente. Elegir la autodestrucción antes que dañar a cualquier otro me parece lo más valiente, o por ejemplo, el tomar la decisión de acabar con tu propia existencia... joder, es la mayor prueba de valor, hay que tenerlos muy bien puestos... o estar realmente jodido. Eso también.

-         ¡La vida es demasiado valiosa y sólo tenemos una cómo para quitárnosla! Hostias, siempre puede dar un giro inesperado; nunca sabes lo que puede suceder en el segundo siguiente.

-         A ver Paco...

-         ¡Qué no hostias! ¡¡Les pegaba dos tortas a los suicidas que les quitaba las ganas de morirse!!

-         ... tranquilo, te noto un poco tenso tio.

-         No me jodas tío, todos pasamos malos momentos; lo importante es aprender y salir reforzado; apoyarte en las personas que te quieren y que te pueden ayudar y salir adelante.

-         Estoy de acuerdo, pero hay quien no tiene apoyos; imagina que a alguien que pasa por una mala racha le quitamos una pareja en la que apoyarse, también sus amigos y por último carece de familia o incluso está en vez de ayudar es más un impedimento añadido para levantar la cabeza.

-         No me jodas tío, la familia siempre está ahí para apoyarte.

-         ... No se puede discutir contigo; el que no se consuela es porque no quiere.

-         ¿Qué coño significa esa mierda de frase que siempre sueltas?

-         Pues eso, que siempre encuentras, tú y todos, ojo; algo en que aferrarte para seguir pensando que llevas razón, aunque sea un clavo ardiendo o algo absurdo.

-         Pos no lo entiendo.

-         Hay muchas cosas que no entiendes y aún más que no vas a entender. Pero no importa, es mejor así, créeme.

-         ¿Y ahora a qué coño viene eso? Tío cuando te pones tan críptico no hay quién te aguante... Voy por otra cerveza, ¿quieres algo?

-         No...

 

Se levanta y va a la barra...

 

-         ¿Pues sabes qué? Yo soy uno de esos cobardes de los que hablas, o mejor dicho casi fui. Sí, el relato aquel era verídico, hace tiempo que quería decírtelo, pero como eres como eres...

 

... vuelve  a la mesa con la cerveza.

 

-         No te lo he dicho, pero me compré el otro día un recopilatorio de canciones de bandas sonoras de Ennio Morricone que está guapísimo y sólo me costó...

 

 

 

 

Al día siguiente va a una entrevista de trabajo en Bankinter y al final de la misma ya le confirman que es el perfil que buscaban. Tiene un puesto de trabajo asegurado. No se cree su suerte.

A los dos meses saliendo una noche de fiesta por fin se besan él y su compañera, una guapa chica de tras de la que va desde que entró a trabajar en la oficina.

Al año escaso de ese beso están juntos de pie en el altar.

A los catorce meses es el día más feliz de su vida, sostiene en brazos a su hijo y se cree completo; es el momento que siempre había estado esperando...

 

 

 

 

La policía lo ha descubierto, no sabe cómo pero en algún momento ha cometido un error. Creía tenerlo todo controlado, todo estudiado, el crimen perfecto. Matar a Alejandro y culpar a Antonio. Pero por alguna razón algo ha salido mal y lo han descubierto. El coche de policía le estaba esperando en casa. Menos mal que lo vio antes de que ellos lo vieran a él. Eso de dejó un pequeño margen para acabar el trabajo... si no es posible el crimen perfecto, tendrá que bastar con dos crímenes imperfectos.

Ahora que Antonio también ha pagado su deuda puede irse tranquilo. Ya no le importa como acabe todo; si bien, si puede evitar la cárcel...

Saca el móvil y selecciona el nombre de un amigo.

 

-         Esta noche vente a la cervecería, tenemos que hablar.

 

 

Han quedado; al parecer no han localizado todavía a su amigo, porque no le ha dicho nada de que la policía le busque, y él le habría dicho algo así...

 

 

           

 

 

-         ¿Cómo has podido mentirme?

-         Es por tu bien, debes entregarte.

-         ¡Mataron a mi familia!

-         No digo que no se lo merecieran pero debes rendirte, esconderte es inútil, no puedes huir toda tu vida.

-         No. Eso es verdad. De hecho tengo intención de dejar de huir esta misma noche...

-         Eso está muy bien. Les diré que entren... me dijeron que hiciera este gesto si accedías a entregarte.

-         No he dicho que me entregue. Fuiste un buen amigo...

 

Saca de la chaqueta una navaja y se abre el cuello.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

December 13

Los moteros zombis viven con las botas puestas (2º de 2)

"Los Moteros Zombis Viven Con Las Botas Puestas"
(continuación)

Primera parte.


Por su parte el herido perrillo huye y acaba rendido camino a su casa. Se tumba agotado junto a una fachada. Casualmente la de una amiga de la motera muerta. El destino es un dado caprichoso que juega con nosotros y a veces está trucado.

El perro herido se duerme y muere. Segundos más tarde la gata de la amiga se acerca curiosa al cadáver del animal. Huele la herida de la mordedura. Apesta a muerte.

En ese momento el perro vuelve a la vida. Es un zombi. Un perro zombi. Y lo primero que hace es morder al desprevenido gato en una pata.

 

Hecho esto y como si estuviera satisfecho de su acción se sacude como cuando la sangre corría por sus pequeñas venas y arterias, y se pone en camino siguiendo el rastro de su muerta ama...





En realidad la visión de ese canijo perro zombi es jocosa, con esos andares cansados y pausados, arrastrando una patita. Acompañando su andar de un quejido continuo y lastimero.

Ella que siempre fue la más asustadiza de todos los perros canijos, es ahora una orgullosa perra zombi que atemoriza a todo bicho que se cruza en la negra y tormentosa noche...

 

 

Más tarde en otro lugar...

 

 

-         Mañana me dejo el tabaco. Decidido. Mañana me lo dejo. Este es el último paquete que me compro. Por mis cojones. Bueno por ellos no... por los de Carlos. Jajajaja.

-         Aarggh...

-         ¿Eh? ¿quién...

 

Entre las sombras de la calle Ángel ve acercarse a una figura conocida, aunque sabe que es imposible...

 

-         Aargghmm...

-         ¿Eres tú? Pero no puede ser... estás... estás muerta.

 

La situación desborda al chico que cuando descubre qué ocurre ya es tarde, ya tiene a la chica sobre él, ya no puede escapar y basta un mordisco en la mano para que comience su maldición, aunque ella no se detiene ahí...

El paquete de tabaco cae al suelo mientras él grita de horror, de terror, de incredulidad...

Pero su grito lo apaga un oportuno trueno y luego otro, otro... hasta que ya no grita, ahora gime; gime lastimero y se arrastra. La sigue, sigue el rastro de las botas de la muerte...

 

Al rato se les une el perrillo y juntos, los tres muertos caminantes: la motera, el perro y el perro-flauta; se encaminan a Murcia siguiendo con su ola de muerte, dolor y vacío.

 

 

En la casa de la amiga el gato muere. La amiga se derrumba desconsolada. Se encierra en su habitación con el gato. No quiere ver a nadie, hablar con nadie. Primero su mejor amiga, ahora su queridísima gata. No encuentra consuelo en éste horrible mundo.

 

Entonces algo maravilloso ocurre, la gata gime y se estremece en su regazo.

Está sentada en la cama, con el cadáver de su mascota sobre las piernas, acariciando su sedoso pelaje.

 

Nada ocurre. La mira fijamente. Pero nada ocurre. Hubiera jurado que le había oído gemir y que se había estremecido. Pero ya no sabe si son sus ganas de que viva las que le juegan una mala pasada.

 

Acerca la cara al animal muerto.

 

La gata revive, levanta la cabeza y la mira con los ojos inyectados en sangre. No es ella. Algo le pasa. Le da miedo. Es horrible. En su rostro sólo ve muerte, dolor, vacío. Se endereza para alejar a la gata de ella. Pero hay otros planes reservados para ella, el dado vuelve a rodar y decide su destino.

 

La gata le salta a la cara y le muerde y le araña. Ella corre por la habitación con la gata enganchada a la cara. Grita, grita y aúlla de dolor, de miedo.

 

Por fin tropieza con la ventana y ambas caen al vacío. Se clava en un pincho de la valla de rejas y muere. La gata cae rodando y huye en la noche para repartir su maldición a todo ser viviente que se le cruce y con un relámpago desaparece en la noche calle abajo.

 

 

Más tarde en otro lugar...

 

 

Carlos aún recuerda como “darle la mano a su amigo”, en realidad se dan tan sólo los dedos meñiques.

Feni, han pasado muchos años pero él sigue igual, bueno casi. Ahora lleva tatuado un brazo. Antes le habría llamado la atención y los habría mirado todos con devoción, ahora no, ahora ya no siente devoción ni emoción por anda.

 

-         Cuanto tiempo Charliano.

-         Ya ves tío. ¿Qué tal todo?

-         Bue...

-         Perdona- Le interrumpe- empiezo a hablar como Jacket. ¿Trabajas?

-         Sí claro.

-         Bien eso es bueno. ¿Qué me dices... tienes novia o algo así?

-         Ya me conoces...

-         Sólo amigas...

-         Sólo.

-         ¿Y Cloe? No la has traído, no me digas que...

-         Cloe murió el año pasado...

-         Vaya que pena, lo siento tío. Era una gran perra. ¿Le hicisteis un funeral?

-         No. La enterré en el valle y ya está...

-         Bueno, algo es algo, de haber estado yo...- El convicto se queda un segundo pensando y decide cambiar de tema.- Bueno, eso. ¿Qué tal tu hermana?

-         Bien. Acabó los estudios y está trabajando con la de Ángel.

-         No me digas. Vaya que bien ¿no?... La hermana de Ángel, cuanto tiempo sin saber de ella...

-         Uuugh...

 

Un lamento les interrumpe. Se levantan los del banco del parque donde estaban charlando tras tantos años sin verse y al girarse ven a Ángel acercándose desde las sombras.

 

-         ¿¡Ángel!?- Carlos se alegra de ver a su antiguo amigo, aunque lo encuentra algo raro... como si estuviera colocado...

 

Feni se adelanta para darle la mano como es su costumbre y entonces el antiguo amigo se abalanza sobre él y le desgarra el cuello a la altura de la yugular. El pequeño corazón de Manuel suelta entonces litros de sangre en todas direcciones.

Carlos al verlo no duda y actúa. Salta sobre su amigo zombi y lo separa de su amigo, logra ponerse en una posición ventajosa y empieza a estrellarle la cabeza contra le tronco de un pino hasta que se le parte el cráneo y cae inerte, por fin.

 

-         Feni, o Dios mío Feni...

 

Carlos ve impotente como su viejo amigo se muere desangrándose...

 

-         Aarrgghmmb...- Oye Carlos a su espalda a la vez que siente un escalofrío; sabe que es otro zombi, sabe que es el holocausto que siempre deseó, sabe que...

-         ¡Esther! ¡No! ¡Tú no!

 

Esther se acerca a Carlos con su andar pausado, sin prisa, el juicio final no tiene prisa, es implacable, es el final. A su lado Zazú también se acerca enseñando los dientes y gruñendo. Esa pequeña perrita que tanto la había querido en el pasado, ahora lo odiaba...

 

Carlos echa a correr hacía su casa. Sólo le separa la calzada y tras cruzarla está ya en su portal. A su espalda Esther sigue llamándolo.

 

-         Aarrgghmmbreee.

 

Eso le hiela la sangre y le obliga a detenerse en mitad de la carretera y volverse a mirarla. Sin duda le ha oído decir “hambre”.

 

-         Aarrghmbreee.- Repite ella.

 

Carlos le mira a los ojos, no es lo que esperaba cuando decía esa misma noche tormentosa que deseaba que le volviera a mirar con hambre. Esos ojos lo miran con hambre, sí, pero con hambre asesina, son unos horribles ojos que...

 

Un sonido conocido le llama la atención de pronto sacándolo de sus pensamientos...

 

            <<Suena a la moto del Andrés. Imposible>>

 

Gira la cabeza justo para ver a dos metros la moto de su antiguo amigo, muerto por el mismo atropello de hace cinco años, justo para pensar pero no actúar.

 

            <<Mierda>>

 

Lo mismo que aquella noche, cuando al doblar la curva pensó pero no actuó.

 

            <<Mierda>>

 

La moto enviste al joven homicida acabando con su angustia, con su dolor, sumiéndolo en el vacío.

 

El zombi de Andrés detiene la moto y el zombi de Esther llega con el zombi de Zazú en los brazos.

 

-         Diiioooozzaaa...- Dice él con una mandíbula caída y un ojo vacío.

-         Aarrggh...

 

Se monta y los dos moteros zombis desaparecen en la carretera...

 

 

¿Qué fue del Feni?

 

Obvio, fue un zombi “to majo”.




FIN

           

Dedicado a mis amigos moteros.

13-12-08 Ladiya.

Los zombis moteros viven con las botas puestas (1º de 2)

 

"Los Zombis Moteros Viven Con Las Botas Puestas"

 

 

 

 

 

 

Todo comienza como muchas veces comienzan las cosas: con un descuido. Sí fue por cansancio, por estar leyendo un sms, por estar hablando por el móvil, por cambiar el disco de música... eso ya da igual.

El caso es que en una fría noche de invierno un joven conduce su coche por una oscura y retorcida carretera de pueblo. Por la misma carretera van dos moteros en su moto.

Para ser honestos ninguno respetaba el límite de velocidad.

 

En una curva, una curva ahora adornada con flores, ocurrió el desastre. El coche envistió la moto, los dos moteros salen despedidos y mueren. Ella en el acto, él de camino al hospital. El joven del coche sale indemne. Sólo un moratón en la cara por el golpe contra el volante.

 

La tragedia ya está servida, eran amigos los tres. El joven se hunde y acaba cumpliendo cuatro años de cárcel por homicidio involuntario.

 

Eso fue hace cinco años. Hoy el joven sigue destrozado por dentro, por lo que hizo, por lo que no puede deshacer, por que querría morir, pero no tiene ni fuerzas para enfrentarse a la oscuridad que le aguarda, que lleva dentro, que le reconcome, que sabe que le espera al otro lado.

 

            <<No hay perdón para un asesino.>>

 

Se repite al levantarse, se repite al dormirse.

 

 

Hoy debemos centrar nuestra atención en el cementerio de la pedanía de donde era la chica motera muerta. Porque tras tanto tiempo el “joven asesino” ha reunido el valor suficiente para acercarse a darle el último adiós, el que no pudo darle en su día.

No es que crea que así podrá dormir mejor por la noche, pero es algo que debe hacer, quizá para apaciguar un poco su ira interior. Su odio hacia sí mismo.

 

Es de noche, se está formando tormenta, los truenos ya se oyen y cada vez más cerca.

 

            <<Es como si el cielo supiera lo que hice y hasta él me recriminara>>

 

-         ¡Tranquilo!- Grita con la mirada en las negras nubes en mitad del cementerio- Seré breve, sólo quiero despedirme y me marcharé.

 

Pero el cielo parece descargar su ira contra el asesino y responde con un potente trueno y un relámpago cruza el cielo justo sobre él.

 

Por fin llega a la tumba. Lee el nombre de su amiga y se derrumba sobre la tierra. Las lágrimas brotan con más fuerza que la lluvia que ya cae. Lee la fecha de nacimiento y de muerte. La opresión del pecho amenaza con tragárselo así mismo. Pero no se rinde.

En una mano sostiene una rosa negra, en la otra una hoja.

 

Lee en voz alta lo que está escrito mientras los truenos silencian sus palabras.

 

 

Elevándonos desde el cementerio tardamos unos segundos en llegar hasta la casa de la difunta motera, donde los truenos han asustado a su pequeña mascota; se trata de su perrita que sale de la casa corriendo, aprovechando un descuido de la madre que en ese momento llegaba a casa.

Nos elevamos de nuevo y vemos que la perrita corre en dirección al cementerio bajo la lluvia, bajo los truenos, iluminada a fogonazos por los relámpagos, como si fuera la iluminación de una discoteca.

 

Volvemos al cementerio.

 

-         ... y que vuelvas a mirarme con hambre...- el joven agachado sobre la tumba deposita la hoja que ha leído y mientras repite la frase- ... y que vuelvas a mirarme con hambre- clava la rosa negra en mitad de la hoja. De forma que la hoja queda sujeta al suelo.

 

Al acercarnos a la hoja y gracias a un oportuno relámpago vemos fugazmente lo que pone:

 

...Y saborear tu dulce piel de azúcar moreno,


beber del cáliz de dioses que es tu sudor,


morderte los labios y sentir su carnoso abrazo,

 

encontrar el mágico ron cubano de tu saliva,


mantenerte despierta una noche tras otra hasta que enloquezcas,


perderme en tu negro cabello y volverme a encontrar de nuevo en tu preciosa boca,


principio y fin de mi perdición, de mi paraíso,


de mi condenación...

 

... Y que me vuelvas a mirar con hambre.

 

 

 

 

La triste figura abandona el cementerio caminando despacio, sin volverse, sin consuelo. Sólo repite entre sollozo y sollozo:

           

            - ... y que me vuelvas a mirar con hambre...

 

El cielo parece enfurecido con el acto del chico y la tormenta arrecia, incluso parece peor sobre la tumba; sobre la que no para de llover con gran fuerza y violencia. El viento sopla en fuertes ráfagas. Sin embargo la rosa permanece firme sujetando la hoja que se agita como si estuviera loca.

 

Como si el cielo no pudiera tolerar semejante ofrenda acaba por descargar un rayo que impacta en la tumba prendiéndole fuego a la rosa y la hoja. Ambas se consumen en rojas llamas bajo un cielo cubierto, bajo una lluvia propia del día del juicio.

 

Apenas se han esparcido las cenizas por los alrededores llega la perrita a la tumba y se tumba, calada hasta los huesos, sobre la tierra convertida en barro.

 

Es entonces que salen de la tierra dos brazos y agarran a la perra. Ella no se resiste ni se queja. Es su ama, que ha vuelto a la vida para darle un último beso, aquel que no pudo darle.

 

El problema es que no la besa. Al alzarse la cabeza lo primero que hace es morder a la pobre perra, que, esta vez sí, espoleada por el dolor, se retuerce y logra escabullirse y huye del cementerio.

 

Entre los fogonazos de los relámpagos vamos viendo como se alza la motera. Como vuelve del otro lado para dar la última despedida que en vida no pudo dar.

 

Viste su precioso vestido rojo de volantes y tirantes. Ahora ya no está tan precioso, algo mohoso, embarrado, y roto por algunas partes. Pero sirve para recordar el antiguo esplendor, su antigua magia, su glamour.

 

En general la chica-muerta se conserva bastante bien y a parte de algunas heridas abiertas supurosas y el color a muerta, lo más desagradable es el gusano que se ha instalado en una herida abierta de su pecho, a la altura de su clavícula izquierda. Asoma incluso un poco de hueso grisáceo entre la putrefacta carne.

 

Al pasar junto a un arbusto la parte baja del vestido se engancha y desgarra. Dejando al descubierto el calzado. Nada menos que sus botas “heavys” preferidas; un detalle de su hermana, que insistió en que no le quitaran las botas con las que había muerto.Comienza entonces su largo camino de muerte y vacío, de botas muertas que recorren de nuevo un camino que a la muerte lleva...

December 09

If i only colud mAke a Deal with GOd....

 
 

carlos L. L.

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Mierda m he caído del árbol...
nunca mais rios de color púrpura
Cuantos giros da la vida antes de dejarte en tu sitio....